domingo, 9 de noviembre de 2003

El Sol Negro de Nuestra Amada Hermandad



¿Tienes tú también

un corazón humano,

oscura noche?

¿Qué es lo que guardas

bajo tu manto,

que, invisiblemente poderoso,

llega hasta mi alma?

Novalis


El Sol Negro de la medianoche polar es el emblema de los Peregrinos de la Gran Ansia y es también, el origen de nuestra Hermandad, el vacío alucinante que nombra y crea a nuestro Círculo de Fieles del A-Mor. El Sol Negro es el símbolo supremo de la supresión del orden visible, de la victoria sobre la realidad demiúrgica, “luminosa”, engañosa. Es también la puerta de entrada y salida de este universo pesado. En la “Oración a la Estrella de la Mañana”, el maestro Miguel Serrano invoca el signo arcano:

¡Oh, Sol Negro!

Absórbeme en tu maelstrom

Alucinante,

En tu muerte mística…


El Sol Negro absorbe, aniquila, invierte o reintegra el universo visible a su principio, por lo mismo, libera los cuerpos sutiles atrapados en la materia muerta, salva a los Dioses prisioneros en el universo espacio-temporal del Señor de la Tinieblas. Es el sol nocturno de los caminantes, que sólo se hace visible ante la “formula mágica”, el encantamiento de la noche, que da vida a realidades desconocidas para la luz del sol de oro, para el mundo terrenal y profano. La noche es sagrada, es temida por los débiles que ante sus misterios se ocultan en el sueño. Para nosotros es la hora del Rito Secreto, de la Revelación de los Misterios, de la Iniciación, de la Lealtad. La noche tiene su propio sol luminoso cuya “inexistencia existente”, como la Flor del Maestro, es más real que el sol de oro. Allí está la amada esperando en su gesto ritual, invisible, en el centro del Sol Negro, donde se encuentra “la eternidad de los mundos”, donde se disuelve el espacio y el tiempo. Novalis diría que el “secreto sacrificio del Amor” arde en ese centro eternamente, se consume eternamente, “vive” eternamente. Es el símbolo de la muerte iniciática, de la muerte y resurrección, del camino “oscuro” del A-Mor, amor sin muerte, sin tiempo, del éxtasis perpetuo, del camino de la inmortalidad. Y desde ese punto se asoma un ojo, una mirada…

Vienes, amada…

La noche está aquí…

Arrebatada está mi alma…

Allá lejos queda el día terrenal

Y tú eres de nuevo mía.

Novalis


Más allá de los simbolismos, de las descripciones de la razón ilusoria, el Sol Negro es sobre todo Nostalgia, como la Nostalgia del A-Mor, porque “quizá los amados nos añoran también y nos enviaron un soplo de la nostalgia”, y ese Sol de mil rayos, el Molino de Wotan, nos inspira y nos llama al retorno, al reencuentro con ella, con el.

El sol de oro parece querer revelarnos otra realidad más allá de su doliente transito diario. Helios en su figura circular, igualmente prisionera, quiere señalarnos solidariamente los contornos de Otra Realidad. Un error de nuestra vista al mirar de frente al sol crepuscular, nos señala los contornos del Otro Sol, tal como podría verse a través del orificio horadado en la roca de los Externsteine, en esa extraña capilla en medio del lugar más sagrado de Alemania.

Este Sol esencial del Hitlerismo es representado en la cruz rotatoria, axial, que es la Swastika, la que trae el bien a los arios, único símbolo de protección, de combate y transformación, de redención y liberación. El Sol Negro se nos ha manifestado en la forma de la Cruz, entendida como una fisura, una posibilidad de reintegración de lo que fue disperso a la luz, en la confluencia extática y silenciosa de lo masculino y lo femenino, del cielo y la tierra; de los cuatro elementos en el éter, sutil, sublime, increado; lo horizontal y lo vertical y todas las oposiciones visibles a la luz del sol de oro. Es también la ausencia del color, ante la ausencia de la luz o el reflejo de un color nunca visto por los ojos de la carne.

La representación que nos ha llegado del Castillo de iniciación SS, en Westfalen, sin duda ha sido revelada a los altos guías de la Orden Negra y ha dibujado en el mármol nuestra ancestral Swastika en un movimiento infinito irrefrenable, inasible, imposible de comprender, sólo sentido y asimilado en zonas desconocidas de nuestro ser. La Swastika visible que ha acompañado al hombre desde tiempos remotísimos, se descompone en la doble runa Sieg de la Orden Negra, la más poderosa de las runas, el rayo de la Victoria sobre el orden “natural”, el rayo de Shiva que destruye al demonio y también a los “Asuras”, los “sin dios”. Y la doble runa Sieg de cada iniciado forma al final de la ruta la Swástica UR, con la ayuda de Isis, un Yo absoluto, el huevo indiviso. La multiplicación concentrada de runas Sieg forma ese símbolo misterioso, como la suma de varios Yo Absolutos, varios huevos reintegrados, Elella y Ellael, Dioses y Diosas confluyendo en el centro innombrado, del silencio absoluto.

Por lo anterior, es posible distinguir a través de esas sutilezas una diferencia entre la Swastika en su representación tradicional de cuatro brazos proyectados desde un centro inmóvil, extático, y el símbolo expuesto en el castillo iniciático SS, que no busca expresar el movimiento ni la velocidad de la Swastika, sino la confluencia de infinitas posibilidades vueltas al origen, irradiadas desde el origen y reintegradas al origen, como seres absolutos, hombre y mujer absolutos, el misterio mismo de la iniciación SS, de los 12 iniciados, de las piedras pulimentadas que guardan el centro, el fuego central, Shiva y Parvati, Frater et Soror y en lo alto de la bóveda el símbolo del sol negro, descompuesto en sus extremos como cuatro runas Sieg o a la inversa. Elella y Ellael.

Todo es intuido, porque nada sabemos de cuanto aconteció en esa cripta secreta, subterránea, pétrea, nocturna. Arriba, el piso de mármol revela a la luz del sol el símbolo sin luz con sus 12 runas Sieg formando 6 swásticas plenas concentradas en el Vacío, el Hoyo Negro más allá de todo polo. Seis Iniciados y Seis iniciadas y al centro el “secreto sacrificio del Amor”.

Dicho símbolo no obstante es posible rastrearlo en la antigüedad en una forma muy similar a la usada por la Orden Negra, aunque sin duda ya desvinculado de su posible origen. Le vemos como si fuera una swástica duplicada, en una figura femenina en forma de campana, decorativa o ritual. Es seguro que deben existir otras expresiones arqueológicas del símbolo que por ahora desconocemos, pero su existencia en la antigüedad queda atestiguada por esta figurilla.

Sabemos que el Sol Negro alude a una realidad más allá de lo visible, por lo tanto ya difícil de asimilar a través de nuestra razón, pero sabemos y creemos que es en la oscuridad de la noche, cuando nos guiamos sólo por nuestro instinto e impulsos más recónditos, que es posible vislumbrar esa realidad que permanece oculta al sol de oro y que el símbolo dejado en la Torre Norte de Wewelsburg nos la revela como una ofrenda de nuestros Guías Ocultos.


Descendemos al altar de la noche,

Al suave lecho…

El velo cae,

Y encendida de la cálida presión,

Arde de la dulce ofrenda

El puro fuego.

Novalis

viernes, 10 de septiembre de 1999

Miguel Serrano


En su cumpleaños 82

1. Una Leyenda

Una estrella del austro cielo
mecida como un presagio luminoso
en el cráneo de Ymir,
anunció en las Tierras del Fuego y del Hielo
la venida de un bienaventurado,
que a la antigua fe de los perdedores
nueva fuerza iba a dar,
descubriendo los secretos
que los Dioses permitieran revelar,
y que a los hombres venidos del Norte
su origen divino hicieran recordar…

Con la memoria limpia,
y de la blanca mano de una mujer,
que más parecía un bello pensamiento
hecho carne y luz en la tierra,
recorrería el cielo y el infierno también,
buscando el umbral secreto,
la puerta estrecha
en la que sólo un alma puede caber,
buscando la entrada en la entraña
que le llevaría hasta Él.

Y un día de leyenda,
entre los hielos más meridionales que pueden haber
entre el azul del cielo y el rojo de la sangre—fuego,
allí donde el alma parece fallecer,
aplastada de montañas, de gélidos causes remotos,
de lluvias perpetuas y fantasmas blancos de ayer,
el otro mundo surgiría a sus pies…
Mas cercano que remoto,
el otro mundo surgiría a sus pies...

Y le bastó recordar,
un pensamiento bordado por manos de mujer,
sólo recordar,
para componer sus versos de oro,
recordar,
para entonar su canto de nostalgias,
para mostrar lo que nadie más podía ver,
que con una música hoy apenas audible,
de sonoridades que vienen con el viento del Sur,
acompañará hasta la última lágrima
a todo aquel peregrino del camino estrellado,
que busque en su alma lo que un día perdió…
que busque para encontrar
lo que alguien en el cielo parece esperar...





2. Una Reflexión

Fuimos tantos y tan pocos a la vez,
los conmovidos hasta darnos nueva vida,
nueva fe,
desde que iniciamos la marcha
definitiva,
al último torreón de nuestra sangre,
para esperar en vigilia siempre fiel
el pronto regreso del Vengador y su corte,
somos tantos y tan pocos hoy como ayer.

…Habrá sabido Fresia,
que a quién guiaba con su mano fuerte y antigua
en su lento caminar de cordilleras al mar,
habrá sabido Fresia —me pregunto—
lo que ese infante
un día al mundo iba a dar…
nueva luz a la humanidad blanca,
nuevas glorias para mi Chile…

Habrá sabido Fresia, ¡Oh Dioses!,
habrá sabido,
que sus oraciones al Alma de la Reina
un manto de protección
a su niño rubio iban a dar…

Me parece sentirla taconear,
deslizándose hacia mi
como entre velos remotos,
me parece saber la respuesta que me da…
como un secreto susurrado de su estirpe divina.




3. Un Homenaje

Y aquí estamos, tu y yo amada mía,
tan separados de ese hombre
que ronda esta casa entre lago y volcán,
mecida por las últimas tormentas del invierno,
tan separados por el tiempo,
como la Edad Dorada lo esta del Hierro,
tan separados por esos ríos de mi Chile
que corren al occidente a calmar su espanto,
separados por los hombres fugaces
que juegan en la ribera a las representaciones...

Y Aquí tu y yo, los desposados por su mano,
brindando un homenaje a su vida,
como los robles jóvenes que renacen
con hojas nuevas en un septiembre del sur,
en un tributo de fidelidad a la vida,
a ese Hombre que ni el olvido de todos me hará olvidar,
ese Hombre nacido de una flor
que a su flor hoy parece regresar,
al que esos guerreros y sacerdotisas
perdidos entre los hierros de este final,
debemos tanto como al Guía Supremo
que hizo de esta guerra nuestro modo de amar.

"Gran hombre de alba belleza solar,
de ojos como el cielo y como el mar,
de grandes manos paternas,
de Sonrisa que cobija al entrar,
no olvide este día,
cuando hablan mi familia y mi lar,
que usted pertenece a esa tierra
donde manos pulcras cuidan
el fuego de una casta,
a la que usted vino a alumbrar…"